Allí estaba yo, sentado con ella. No cruzábamos palabras ni miradas, Respirábamos el mismo aire, solo era nicotina.
Frente a nosotros como aire, enfilaban los peligrosos pelotones de tequila.
La tertulia nos agobiaba y nos dolía, pero no nos preocupábamos porque sabíamos que el mañana la olvidaríamos con la resaca.
La luz difuminaba la oscuridad.
El bar es el sitio de nosotros los solos, los que el desvelo nos ama, el sitio donde los tragos y el silencio, son los mejores amigos.
Donde la tenue sonada musical son como dagas que atraviesan el corazón, pero nos deja dentro la sangre.
Viven historias, nacen historias, se adoptan historias, algunas anónimas, otras con todo el derecho de autor.
Las mías las compartía con ella, no voluntariamente, ni por obligación, ni por que le gustaba, solo porque... en fin, allí estaba.
Mis historias y mis sueños pendiendo de un hilo con que se teje una nube.
Si estuviera aquí viera el final de mi carisma, notaria incluso mi cambio de voz.
Allí la noche es como un deseo, pero dura menos, y en ese sitio no nos importaba el tiempo.
Personalmente lo que me importaba era deshacerme de ella, aunque sea por esa noche, de resto el destino escogería mi futuro, si es que me existía uno.
Cualquiera le puede escoger el nombre de ella, yo en realidad no le coloque ninguno, solo me había adaptado al que todos le decían.
Soledad...